Axel Torres

Hará cosa de medio año, José Miguélez me hizo una entrevista y me preguntó por un episodio en el que inserté un mensaje publicitario en Twitter. Le contesté que, en el momento de hacerlo, tuve muchas dudas sobre lo ético o no de aquella maniobra, y que lo acabé escribiendo porque ya me había comprometido a ello, pero que nunca mandé la factura y no cobré ni un euro. Miguélez me preguntó entonces si pensaba que era una traición al espíritu del periodista usar Twitter para ganar dinero con la publicidad. Le trasladé que, en efecto, no tenía claro si era honesto o deshonesto, y que ese debate interno no resuelto me hizo actuar de esa manera.

A partir de esta tarde vais a ver algunos tweets míos con contenido publicitario. Ya que a los que leyeron aquella respuesta les puede parecer contradictorio, voy a explicar exactamente por qué he decidido aceptar ahora este tipo de actividades.

En los últimos meses, con la gente de MI hemos ido experimentando un tipo de periodismo que nos gustaría hacer: ir a los sitios a los que no va casi nadie, contar historias que pasan inadvertidas y que tienen un contenido interesante, hablar con la gente que las vive en primera persona. Los viajes a Mende (para cubrir el partido de Copa de Francia AFL-Le Havre), a la final Bradford-Swansea o al torneo de fútbol formativo MIC 2013 iban en esta línea. Eran pruebas: ver si éramos capaces de organizarnos, de implicarnos, de producir algo que gustara a la gente. Los resultados fueron muy satisfactorios. Obviamente, se planteaba un problema: para ir a los sitios hay que viajar y para viajar hay que gastar dinero. Mi idea siempre fue que, si emprendíamos esta aventura, era MI quien debía conseguir financiar sus propios proyectos. Así que, analizado el asunto desde todas las perspectivas posibles, he tomado la decisión de incluir contenidos publicitarios en mi cuenta personal de Twitter. Evidentemente, voy a limitarlos, y el porcentaje de tweets de esta naturaleza será muy bajo con respecto al total de la actividad diaria en la mencionada red social.

¿Ha cambiado, pues, mi percepción ética sobre la publicidad en Twitter? De entrada debo decir que mi ética la utilizo básicamente para juzgarme a mí mismo; que yo considere que algo no me parece ético no significa que no pueda entender que a otro sí se lo parezca y que por lo tanto actúe de un modo distinto. Pienso que seguiría teniendo ciertas dudas si esa publicidad fuera una fuente para lucrarme, pero no le veo problema ético al hecho de intentar servirme de la publicidad en Twitter para poder desarrollar proyectos periodísticos más ambiciosos. Obviamente, cada uno tendrá su opinión al respecto, pero creía que era necesaria una explicación y por lo tanto ya la he dado.

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